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Levantar capital siendo mujer: lo que nadie te cuenta hasta que lo intentas

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«Solo el 2% de los fondos de capital riesgo va a empresas fundadas por mujeres. No es casualidad. Debemos pensar más a lo grande. Pensar en crecer no es arrogancia, es estrategia«

Silvina Moschini lo consiguió. En 2020 se convirtió en la primera mujer latinoamericana al frente de una empresa unicornio (es decir, una empresa valorada en más de 1.000 millones de $) con TransparentBusiness, la plataforma que cofundó para gestionar equipos remotos. Antes de eso, creó SheWorks!, una empresa de impacto social para conectar a mujeres con oportunidades de trabajo flexible en todo el mundo. Dos empresas globales, construidas desde cero, lideradas por una mujer.

Su historia no es la excepción que confirma la regla. Es el mapa que demuestra que la regla se puede cambiar. Y sus lecciones sobre cómo levantar capital siendo mujer son tan relevantes para quien busca un inversor como para quien acaba de abrir su primera cuenta de empresa

Moschini es directa al respecto: el mayor freno que tienen las mujeres emprendedoras no es externo. Es esa voz que te dice: «cuidado, que llegaste ahí de casualidad!» o que te pide prudencia constantemente: «Ojo, que alguien va a decirte en cualquier momento que no sabes lo que haces«.

Una de las lecciones más contraintuitivas que comparte Moschini es que las empresas grandes consiguen más capital, no porque tengan más recursos, sino porque resultan más atractivas para los inversores. Pensar en pequeño no protege tu proyecto: lo hace menos interesante para quienes podrían financiarlo.

Esto no significa crecer sin cabeza. Significa que desde el principio hay que construir un modelo que sea escalable, que use la tecnología como aliado, y que tenga claro a quién sirve y cómo puede multiplicar ese impacto. El pitch no empieza cuando te sientas frente al inversor: empieza cuando decides qué tipo de empresa quieres construir.

Moschini lo dice con una frase que no tiene desperdicio: los negocios son un deporte de contacto. Y para las mujeres, la red es especialmente decisiva, porque el ecosistema inversor sigue siendo mayoritariamente masculino y se mueve por confianza y referencias previas.

Construir relaciones con mentoras, buscar sponsors que te posicionen donde tú todavía no llegas, participar en comunidades de mujeres emprendedoras: todo eso es trabajo invisible que tiene retorno real. Cuanto más extensa sea tu red, más visibilidad tendrán tus capacidades cuando llegue el momento de pedir.

El acceso a educación financiera no es un privilegio para emprendedoras con aspiraciones de unicornio. Es la base desde la que cualquier mujer puede tomar mejores decisiones, defender su negocio y crecer con criterio.

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